La luna se teñía de sangre color carmesí,
color que me recordó a tus labios cuando apenas los conocí,
y culpable de tan impuros actos que me vi cometer,
jure amada mía que contigo mi alma iba a desaparecer.
No te mate por celos ni venganza y mucho menos por rechazo,
mi sueño era amor eterno junto a un ángel en mi regazo.
Ahora destinados ambos estamos a un amor infinito,
el cual es concebido por el sollozo de tus gritos.
Calma amor mio, no te alteres ni enloquezcas,
que me duele mas a mi matarte a que mi vida desaparezca.
Tranquila amada miá, ves como ya no duele?
Espero en el infierno a alguien que nos consuele.
Tus pulmones ya no respiran y tu piel se hace cada vez mas blanca,
¿Así me veré yo cuando vivir ya no me plazca?
Ahora mi turno llega para terminar con la profesía:
Hundo la daga en mi pecho, terminando así esta poesía.

