miércoles, 29 de julio de 2015

 La luna se teñía de sangre color carmesí,
 color que me recordó a tus labios cuando apenas los conocí,
 y culpable de tan impuros actos que me vi cometer,
jure amada mía que contigo mi alma iba a desaparecer.

 No te mate por celos ni venganza y mucho menos por rechazo,
 mi sueño era amor eterno junto a un ángel en mi regazo.
 Ahora destinados ambos estamos a un amor infinito, 
el cual es concebido por el sollozo de tus gritos.

 Calma amor mio, no te alteres ni enloquezcas, 
que me duele mas a mi matarte a que mi vida desaparezca.
 Tranquila amada miá, ves como ya no duele?
 Espero en el infierno a alguien que nos consuele. 

Tus pulmones ya no respiran y tu piel se hace cada vez mas blanca,
¿Así me veré yo cuando vivir ya no me plazca? 
Ahora mi turno llega para terminar con la profesía:
 Hundo la daga en mi pecho, terminando así esta poesía.